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ESTABLECER UN CIMIENTO SÓLIDO

Introducción

Así como nuestro cuerpo necesita alimento, cuidados médicos cuando se enferma, ejercicio y descanso; nuestra vida emocional y espiritual también necesita ser alimentada convenientemente, cuidados profesionales cuando se enferma debido al estrés y a las presiones que se presentan en la vida, ejercicio espiritual y emocional y constante descanso del alma y del espíritu.

Del cuerpo físico nos preocupamos y ocupamos de él, pero del cuerpo emocional y espiritual nos olvidamos y dejamos que vaya por la vida sobreviviendo como se pueda.

Sin embargo, si somos responsables de nuestra salud total, por ser templo del Espíritu Santo, debemos cuidar cada área de él. Por ello Stormie Omartian da siete pasos que nos ayudan a sanar nuestra vida emocional y espiritual. Estos siete pasos son:

1. Reconocer a Dios: Aceptar que Dios está a nuestro lado reconociéndolo como  Señor de todas las áreas de nuestra vida.

2. Establecer un cimiento sólido: Reconocer que el verdadero cimiento de la vida es Dios y que sobre Él descansa la salud emocional. Que para mantenerse sano hay que conocer a Dios y ello implica dedicar tiempo a leer la Biblia, orar, servir al prójimo y gozar de la presencia de las personas que Dios ha puesto a nuestro alrededor

3. Vivir en obediencia: Reconocer que las normas establecidas por Dios son justas y rectas y que si las obedecemos nuestra vida caminará por senderos de rectitud, paz y gozo y nos mantendremos emocionalmente sanos

4. Encontrar liberación: Identificar qué es lo que nos separa de Dios y qué nos impide tener sanidad emocional y espiritual y eliminarlo de nuestra vida.

5. Recibir los dones que Dios nos da: Identificar los dones que Dios nos ha dado para fortalecerlos y ponerlos a su servicio.

6. Evitar las trampas: Identificar las situaciones que nos hacen dudar y alejarnos de la sanidad emocional que Dios nos ofrece gratuitamente.

7. Mantenerse firme: Reconocer que solo tomados de la mano de Dios podremos mantenernos firmes y sanos emocionalmente.

En los temas anteriores se analizó el primer paso: Reconocer a Dios.

Ahora veamos a ver el segundo paso: Establecer un cimiento sólido. 

A. Qué es un CIMIENTO

 El cimiento es una estructura que a simple vista no se ve, pero que sostiene una construcción y que es de vital importancia para que la construcción no se caiga.

En el plano no material el cimiento es un Fundamento, una Base sobre la cual descansa la fe. O sea que en lo espiritual y emocional, el cimiento es el motivo de nuestra fe, el cual nos da seguridad y fuerza para vivir en paz con Dios, con nosotras mismas y con las otras personas con las cuales nos relacionamos.

B. Para qué sirven los cimientos

  • Cuando se construye una vivienda o edificio el contar con un buen cimiento permite:
  • Proteger la construcción de las degradaciones o peligros del ambiente.
  • Repartir convenientemente sobre el cimiento las presiones máximas a las que está sometida la construcción. Por ejemplo resistir las socavaciones a que pueda estar expuesta la construcción por corrientes de agua o movimientos telúricos.
  • Cuando se construye una vida, el contar con un buen cimiento permite:
  • Vivir en paz con Dios, consigo misma y con los demás.
  • Amarse a sí misma y a las personas que le rodean.
  • Tener certeza que se es valiosa y necesaria para los demás y que puede ser amada y valorada.
  • Enfrentarse a las presiones de la vida con seguridad.
  • Ser capaz de transformar los retos de cada día en oportunidades para el futuro.
  • Fortalecer cada área de la vida para ser más eficiente y feliz en la vida.                                                                               C. Cómo funciona un cimiento en la vida emocional y espiritual

 Cuando no contamos con un cimiento espiritual y emocional sólido caminamos por la vida sin un rumbo seguro, a la deriva, perdidas. Creemos que no valemos lo suficiente como para ser amadas y valoradas. Dependemos de lo que las demás personas piensen de nosotras. Somos temerosas, egoístas y estamos siempre a la defensiva, porque tememos que los demás nos lastimen o no nos valoren. A veces somos agresivas, como un mecanismo de defensa. O nos refugiamos en diversas situaciones como mentiras o vicios. En resumen: “Sentimos que no valemos nada”.

Un buen cimiento nos da seguridad, valor, fortaleza y fe. El mejor cimiento es Dios, pues es nuestro creador y nuestro sustentador cotidiano y, por supuesto, su hijo Jesucristo. En primera Corintios 3:11, Pablo nos dice: “ Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”. Y completa en Colosenses 2: 7. “Andad en Él (Cristo), arraigados y reedificados en Él y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. Cuando tenemos una fe firme y seguridad somos felices y agradecidos.

Como puede verse confirmarse en la fe es estar cerca de Dios, en su presencia. La presencia de Dios en la vida de las personas es el mejor cimiento para tener una vida emocional y espiritual sana. En 2ª Timoteo 2:19 Dios nos asegura que

Él ya puso el fundamente a nuestra vida emocional y espiritual cuando aceptamos a su hijo Jesucristo como nuestro Salvador y Sanador, pues dice: “Conoce el Señor (Dios) a los que son suyos y apártese de la maldad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”.

Todo cimiento está compuesto por diferentes componentes; por ejemplo, un cimiento material contiene piedras, cemento, cal, agua, etc. El cimiento de la vida espiritual y emocional también tiene sus componentes, estos son: La Palabra de Dios (la Biblia); la Comunicación directa con el padre, el Hijo y el Espíritu Santo (la Oración); la Alabanza y adoración a Dios (personalmente o en comunión con otras personas); la Confesión de nuestros pecados y faltas (a Dios en el nombre de Cristo) y el Perdón hacia nosotras mismas y hacia los demás .

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RECONOCER A DIOS COMO UN NOMBRE QUE RESPONDE A TODA NECESIDAD

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RECONOCER A DIOS COMO UN NOMBRE QUE RESPONDE A TODA NECESIDAD

¿Recuerdan ustedes cuando eran niños o con sus hijos cuando tenían miedo de algo o alguien que les estaba molestando? Inmediatamente gritaban mamá, mamá y solo con mencionar esa palabra se sentían seguros y al llegar la mamá el miedo desaparecía.

Proverbios 18:10 nos dice: “Fuerte torre es Jehová a ella corre el justo y se siente seguro”. Cuando le entregamos nuestra vida a Dios el nombre de Jesús, de Jehová, adquiere poder. Me contaron unos amigos que iban en la camioneta un día, cuando entraron varios hombres a asaltar a los pasajeros. Ella en silencio dijo Jesús, Jesús, Jesús. Los hombres le quitaron sus pertenencias a todos; pero a ellos, ni siquiera los volvieron a ver. Hay una cobertura para aquellos que invocamos el nombre de Dios.

Una de las razones por las cuales caminamos temerosos, peleando, hablando mal de los demás, necesitados de algo, es porque no hemos reconocido a Dios como un nombre que responde a todas nuestras necesidades. Con frecuencia dudamos del poder de Dios. Por ejemplo pensamos Dios me dio un esposo o esposa pero a saber si me dará un hijo. Dios me dio mi casita, pero a saber si me dará la comida para mañana. Dios me dio salvación pero a saber si sanará mi enfermedad.

Nos olvidamos, con mucha frecuencia, que las promesas de Dios. Jehová son verdaderas. Él suplirá todas nuestras necesidades conforma a sus riquezas en gloria. Y creemos que será hasta que nos muramos que vamos a gozar de las riquezas de Dios. La promesa es para esta vida también. Él es rico en misericordia, perdón, salud, fe, paciencia, bienes, es el dueño de todo lo que existe.

Dios tienen muchos nombres en la Biblia y cada uno de ellos expresa un aspecto de su naturaleza y atributos y cada uno también responde a una necesidad. La autora del libro “Busca la paz para tu corazón” encontró 30 diferentes nombre para Dios. Yo seguí buscando y encontré otros 37. Les voy a dar unos ejemplos y busquen ustedes a ver cuantos encuentran.

Cuando busquen comiencen diciendo: “Jehová, o Dios. o Jesús es:

  1. mi amparo
  2. mi fortaleza,
  3. mi sombra contra el calor
  4. mi fe
  5. mi proveedor, etc. etc…

Verán que hay un nombre para cada ocasión y necesidad de nuestra vida, y podemos invocarlo cuando lo necesitamos. Entonces comprobaremos que no estamos solos, Dios está a nuestro lado en cada minuto de nuestra vida, porque el Rey no duerme.

También se llama Emmanuel, Dios con nosotros.

Te sientes atrapado por un problema, Dios es la puerta. Sientes que no te han hecho justicia, Dios es justicia. Te sientes solo, Dios se llama amigo fiel y verdadero. Estás triste, Dios se llama consolador.

Lo que tenemos que hacer es buscar una comunión más cercana con él, para ello nos ayuda el conocer todos sus atributos y bondades. Te invito a buscar una libreta o cuadernito bonito en el cual vayas escribiendo en una lista los nombres y atributos de Dios, eso te ayudará a conocerlo mejor. Yo podría escribir aquí esa lista tengo más de sesenta nombres y atributos de Dios; pero es emocionante irlos descubriendo en su palabra a medida que la leemos. No importa cuanto nos tardemos en hacerla pues siempre descubriremos uno nuevo de acuerdo a nuestra necesidad o a la necesidad de otras personas.

Recuerden lo que nos dice el Salmo 27:10: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me sostendrá”.

Sin su sostén no tendremos sanidad en nuestra vida emocional y nunca gozaremos de su paz y de su gozo. No olvidemos que reconocer a Dios como la respuesta a todas, todas nuestras necesidades es un paso firme hacia la salud emocional. Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, que hizo el cielo y la tierra. Salmo 124:8

Oremos con frecuencia repitiendo esta oración: “Señor, gracias por ser mi todo en la vida, gracias por ayúdame a reconocerte en todo momento como mi Salvador, como Padre amoroso y perdonador, como Espíritu Santo, como Señor sobre todas las áreas de mi vida y como el nombre que responde a todas mis necesidad. Dame, por favor, salud emocional para vivir en armonía con mi familia y mi prójimo. Te amo y te alabo. Amén”.

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Una de las razones por las cuales caminamos temerosos, peleando, hablando mal de los demás, necesitados de algo, es porque no hemos reconocido a Dios como un nombre que responde a todas nuestras necesidades. Con frecuencia dudamos del poder de Dios. Por ejemplo pensamos Dios me dio un esposo o esposa pero a saber si me dará un hijo. Dios me dio mi casita, pero a saber si me dará la comida para mañana. Dios me dio salvación pero a saber si sanará mi enfermedad.

Nos olvidamos, con mucha frecuencia, que las promesas de Dios. Jehová son verdaderas. Él suplirá todas nuestras necesidades conforma a sus riquezas en gloria. Y creemos que será hasta que nos muramos que vamos a gozar de las riquezas de Dios. La promesa es para esta vida también. Él es rico en misericordia, perdón, salud, fe, paciencia, bienes, es el dueño de todo lo que existe.

Dios tienen muchos nombres en la Biblia y cada uno de ellos expresa un aspecto de su naturaleza y atributos y cada uno también responde a una necesidad. La autora del libro “Busca la paz para tu corazón” encontró 30 diferentes nombre para Dios. Yo seguí buscando y encontré otros 37. Les voy a dar unos ejemplos y busquen ustedes a ver cuantos encuentran.

Cuando busquen comiencen diciendo: “Jehová, o Dios. o Jesús es:

  1. mi amparo
  2. mi fortaleza,
  3. mi sombra contra el calor
  4. mi fe
  5. mi proveedor, etc. etc…

Verán que hay un nombre para cada ocasión y necesidad de nuestra vida, y podemos invocarlo cuando lo necesitamos. Entonces comprobaremos que no estamos solos, Dios está a nuestro lado en cada minuto de nuestra vida, porque el Rey no duerme.

También se llama Emmanuel, Dios con nosotros.

Te sientes atrapado por un problema, Dios es la puerta. Sientes que no te han hecho justicia, Dios es justicia. Te sientes solo, Dios se llama amigo fiel y verdadero. Estás triste, Dios se llama consolador.

Lo que tenemos que hacer es buscar una comunión más cercana con él, para ello nos ayuda el conocer todos sus atributos y bondades. Te invito a buscar una libreta o cuaderno bonito en el cual vayas escribiendo en una lista los nombres y atributos de Dios, eso te ayudará a conocerlo mejor. Yo podría escribir aquí esa lista tengo más de sesenta nombres y atributos de Dios; pero es emocionante irlos descubriendo en su palabra a medida que la leemos. No importa cuanto nos tardemos en hacerla pues siempre descubriremos uno nuevo de acuerdo a nuestra necesidad o a la necesidad de otras personas.

Recuerden lo que nos dice el Salmo 27:10: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me sostendrá”.

Sin su sostén no tendremos sanidad en nuestra vida emocional y nunca gozaremos de su paz y de su gozo. No olvidemos que reconocer a Dios como la respuesta a todas, todas nuestras necesidades es un paso firme hacia la salud emocional. Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, que hizo el cielo y la tierra. Salmo 124:8

Oremos con frecuencia repitiendo esta oración: “Señor, gracias por ser mi todo en la vida, gracias por ayúdame a reconocerte en todo momento como mi Salvador, como Padre amoroso y perdonador, como Espíritu Santo, como Señor sobre todas las áreas de mi vida y como el nombre que responde a todas mis necesidad. Dame, por favor, salud emocional para vivir en armonía con mi familia y mi prójimo. Te amo y te alabo. Amén”.

RECONOCER A DIOS COMO SEÑOR DE TODAS LAS ESFERAS DE NUESTRA VIDA

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Este reconocimiento es uno de los más difíciles de hacer, porque es el que se utiliza para mantenernos lejos de la sanidad emocional y de las abundantes bendiciones de Dios.

En Mateo 22:37 Jesús dijo que debemos amar a Jehová con todo nuestro corazón, eso representa el cuerpo; con toda nuestra alma, eso representa nuestros sentimientos y emociones; con toda nuestra mente, eso representa nuestro entendimiento, nuestra razón. ¿Amamos a Dios con todo nuestro ser?

Así como la casa en donde vivimos tiene diferentes cuartos o ambientes como: sala, comedor, cocina, servicios sanitarios, dormitorios, quizás patios, corredores; así, en nuestra vida tenemos apartados a los que llamaremos áreas de nuestra vida. Alguien podría decir mi casa solo tiene una habitación, no importa, dentro de esa sola habitación hay apartados, un espacio para cocinar, otro para comer, otro para dormir.

Cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador lo dejamos entrar a la sala de nuestra vida y nos regocijamos con su presencia. Es nuestro invitado especial; pero puede ser que se quede ahí en la sala o solo en la puerta y de ahí no lo dejemos pasar a otras áreas de nuestra vida. Como él es un caballero no nos obliga a dejarlo pasar. Puede ser que lo dejemos ahí por años, aunque vayamos a la iglesia y le sirvamos, aunque demos ofrenda y nuestro diezmo aunque prediquemos y cantemos.

Quizás ante la puerta de alguna o algunas de esas habitaciones de nuestra vida, Dios esté tocando suave e insistentemente esperando que le abramos para que pueda entrar y sanarla con su presencia y nos hagamos las sordas y no queramos escuchar.

En todas las casas que conozco existe un cuarto o ambiente en donde se guardan cosas que ya no se utilizan y, generalmente, hay mucho polvo y quizás telarañas y humedad. A veces en el ropero o closet de nuestro cuarto hay una gaveta o un espacio lleno de cosas inútiles. ¿verdad?   Bueno hay áreas de nuestra vida que son como ese cuarto de calache, esa gaveta o espacio que necesita limpieza y sacar todas las cosas inservibles.

En Proverbios 3:5 y 6 Salomón nos recuerda que Debemos confiar en Jehová con todo nuestro corazón (es decir, con todo nuestro ser físico) y no te apoyes en tu propia prudencia (que representa nuestros sentimientos, emociones e intelecto). Nuestra prudencia con frecuencia nos falla, pues somos imperfectas.

Por ello es que Dios nos recuerda que es necesario que le reconozcamos como Dios y Señor de todas las esferas de nuestra vida. No es fácil, bueno nada de lo que se refiere a vivir conforme a la voluntad de Dios nos parece fácil, aunque en realidad lo es, porque significa que debemos dejarlo entrar a todas las áreas de nuestra vida.

Una cosa buena es dejar a Jesús entrar en nuestra casa, cuando le aceptamos como Nuestro Salvador, otra diferente es dejarlo que tome el control de toda nuestra vida, pues eso dura toda la vida. Salomón sigue diciéndonos “Reconócelo en todos tus caminos y él hará derechas tus veredas

Algunas personas obedecen muy bien esto de todos y dejan que Cristo, desde el principio, sane cada área de su vida. Por ello son cristianos fieles, gozosos de servirle y cumplir sus mandamientos.

Otras personas, la gran mayoría, le dejamos entrar poco a poco. Él toca ante cada puerta de nuestra vida y espera pacientemente a que le demos el permiso para entrar y sanarla.

¿Cuál o cuáles son las áreas de tu vida a las que Jesús está tocando para que le dejes entrar y sanar? Este es el primer paso que debemos dar, saber a cual o cuales áreas de nuestra vida Dios está pidiéndonos que le abramos.

Puede ser el área del perdón, quizás hay un resentimiento hacia alguna persona que está molestando tu relación con Dios. Cristo está tocando a tu puerta para que perdones a tus padres, o a tu cónyuge, o a tu hijo o hija, quizás un hermano o un amigo. Si es así, pídele a Cristo que entre a esa área y la sane y puedas perdonar y vivir con gozo. Verás que al perdonar sentirás que has botado un gran peso de encima, has botado tu bacalao y que puedes alabarlo y servirle con más libertad.

Quizás el área de tu vida que necesita el toque divino es el del egoísmo que te impide servir y dar ayuda a otros. O el de los celos, o el de la envidia o el de la infidelidad hacia tu cónyuge o hacia Dios. Podría ser el de la pereza, el del desaliento, o el de la depresión por temor o rencor.

Quizás sea el de la mentira o la hipocresía. O un área muy común y que no vemos como área que necesita sanidad: el de comenzar o propagar chismes o hablar mal de los demás.

Quizás sea el de cogerse cosas que no son nuestras y despojar a otros de ellas. Pudiera ser el del engaño o el de la inconformidad o el del deseo de ser reconocido más de la cuenta o de querer tener siempre la razón. Para algunas puede ser el de querer tener muchas riquezas o fama o poder. Quizás sea el área de diezmar de nuestras ganancias o el de ofrendar con gozo y no por necesidad.

Bueno, hay tantas áreas de nuestra vida que debemos rendirle a Dios que se nos pasa la vida emanando rencor, odio, pereza, insensibilidad sin darnos cuenta que debemos reconocer a Dios como Señor de cada una de las área de nuestra vida.

Romanos 14:8 nos recuerda: “Si vivimos, para Dios vivimos y si morimos para Dios morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, de Dios somos”.

Reconocer a Dios como Señor de cada área de nuestra vida es un acto de nuestra voluntad.   Voluntariamente botamos todas las barreras que puedan estar impidiendo que entre la luz de Cristo en nuestra vida. Tenemos que levantarnos cada mañana y decirle a Dios: “Te reconozco como Señor de mi vida hoy, y como Señor de cada parte de mi vida que esté herida o angustiada o que necesite tu limpieza sanadora, por favor entra a ella y sánala. Amén”.

Las personas que viven más felices y confiadas son aquellas que ponen todas las áreas de su vida en las manos de Dios. Haz la prueba y verás como tu vida cambia. No cambiará lo que te rodea, pero tu forma de ver la vida será diferente. Vivirás gozosa y podrás decir cada noche con toda sinceridad. “En paz me acostaré y así mismo dormiré porque sólo tú me haces vivir confiada”.

RECONOCER A DIOS COMO ESPÍRITU SANTO

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Hay que reconocer que el Espíritu Santo existe y que el Padre lo envió, como nuestro consolador, al subir Jesús al cielo, después de su resurrección. En el momento que aceptamos a Cristo como nuestro Salvador el Espíritu Santo viene a vivir en nuestro ser. Hechos 2:38 y 39 nos dice “Arrepiéntete y bautízate en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y recibiréis el DON DEL ESPÍRITU SANTO, porque para ti es la promesa y para tus hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor vuestro Dios llame”.

Tener la seguridad de que el Espíritu Santo está viviendo en nuestro corazón nos permite tener la certeza que nos acompaña a todo lugar a donde vayamos o estemos, que se alegra de nuestras alegrías, se entristece con nuestros pesares y se contrista cuando cometemos pecados. Además le habla a nuestra conciencia para que recapacitemos y nos arrepintamos y le pidamos perdón a nuestro Padre Celestial cuando fallamos. También nos ayuda a:

  • Adorar a Dios con libertad y plenitud.
  • Experimentar y compartir el amor de Dios
  • Tener el poder de Dios en nuestra vida.
  • Tener el poder para sobreponernos al pecado y vencerlo con su poder.
  • Conocer la verdad

“Pero cuando venga el ESPÍRITU de verdad, él os guiará a toda verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir”.

Sin embargo hay que reconocer que ser llenos del Espíritu Santo a plenitud es un proceso continuo. Hay que estar dispuesto a estar en comunión con nuestro Padre Celestial y con nuestro Señor Jesucristo para que el Espíritu Santo llene cada área de nuestra vida. Todos los días hay que pedirle a Dios que aumente la llenura de su Santo Espíritu en nosotras.

Hay mucha confusión, aún entre los cristianos, acerca de la labor y llenura del Espíritu Santo en sus vida. Algunas personas ni siquiera quieren hablar de él. Otras piensan que ser llenos del Espíritu Santo es hacer cosas portentosas y fuera de los común y que si no se hacen es que no se tiene al Espíritu Santo en nuestras vidas.

El Espíritu Santo es un regalo de Dios enviado por Cristo Jesús al subir al cielo para que nos consuele cuando estamos tristes, doloridas, cuando nos sentimos rechazadas, abandonadas; nos fortalezca cuando nos sentimos débiles, fracasadas, inseguras; nos guíe a toda verdad dándonos dones espirituales, nos ayude a orar y nos dé la sabiduría, el gozo y la paz que necesitemos.

El Espíritu Santo es el poder de Dios en acción y el medio por el cual nuestro Padre nos habla.

Lucas 11:13 dice “… ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el ESPÍRITU SANTO a los que se lo pidan? ¿Le ha pedido usted a Dios que la llene de su Santo Espíritu cuando se siente vacía o sola o triste? Si no lo ha hecho dígale con todo su corazón: PADRE, GRACIAS POR LLENAR MI VIDA CON TU SANTO ESPÍRITU. Y sienta la paz y gozo en su mente y en su corazón.

No olvide lo que Jesús nos dice en Juan 14:16 y 17 “Y yo rogaré al Padre y os dará otro CONSOLADOR, para que esté con vosotros para siempre: el ESPÍRITU DE VERDAD, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero tu lo conoces, porque vive dentro de ti y estará contigo”.

Y Ezequiel 36: 27 nos recuerda: Pondré mi ESPÍRITU dentro de ti para que te ayude a obedecer todos mis mandamientos y vivir de acuerdo con ellos.

El enemigo puede poner en nuestra mente ideas negativas acerca del Espíritu Santo, engañarnos diciendo que no tenemos al Espíritu Santo en nuestras vida porque no profetizamos, porque no hablamos leguas, porque no hacemos cosas fuera de lo común, pero recuerde que Dios es más poderoso que el enemigo. Todos los días dígale a su padre celestial: “Padre celestial ayúdame a entender todo lo que necesito saber de ti y de la obra de tu Espíritu Santo en mi vida. Lléname hoy con tu Santo Espíritu, y actúa con poder en mi. Dame de tu paz, para que pueda vivir una vida santa y llena de gozo, a pesar de los problemas que tenga que enfrentar en este día. AMÉN” .

Que nuestro Señor Jesucristo le bendiga y le ayuda a reconocer a su Dios como Salvador, como Padre y como Espíritu Santo Consolador, guía, restaurados de su vida emocional y espiritual.

RECONOCER A DIOS

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Todas las personas tenemos algún tipo de culpa por los errores y pecados de nuestro pasado. Nos sentimos culpables por lo que hicimos mal, por lo que dejamos de hacer y por lo que pudimos haber evitado, y su peso es tan grande que no nos deja vivir felices y confiadas.  Cómo librarnos de la culpa por tener un hijo alcohólico o drogadicto. Pensamos que no lo guiamos a tiempo a los pies de Jesús. Cómo librarnos de la culpa por no haberle dedicado a nuestros hijos el tiempo y el amor que necesitaban. Cómo librarnos de la culpa de no haber servido y amado a nuestros padres cuando estaban con vida y lo necesitaban. Cómo librarnos de la culpa de haberle ocasionado un daño a otra persona. Vamos cargando a cuestas cada día, a cada hora y a cada minuto esta culpa.  ¿Quién nos puede quitar esa culpa? Solamente Cristo en su infinito amor y misericordia. Hechos 4: 12 dice:”Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombre en que podamos ser salvos”. Sólo CRISTO perdona, de tal manera, que no se vuelve a recordar del pecado que le confesamos.

TRABAJANDO PARA ALCANZAR SANIDAD EMOCIONAL

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 INTRODUCCIÓN

En el tema anterior vimos como la gracia sanadora de Dios ha estado presente en nuestra vida. Sin embargo quizás ni siquiera nos hemos dado cuenta que ha estado ahí en cada momento de duda, de temor, de enojo, de alegría. Hemos pasado por alto esa gracia de Dios y hemos estado sufriendo en lugar de vivir una vida abundante. Hemos olvidado las promesa de Dios para sus hijas. Las emociones nos las ha dado Dios como un regalo, pero no las hemos sabido educar para que sean una ayuda en nuestra vida, sino hemos dejado que ellas nos dominen y el enemigo las utilice para esclavizarnos.

Dios quiere que nuestra vida emocional sirva para que vivamos una vida abundante, llena de frutos para su obra, siendo felices, haciendo felices a quienes nos rodean y alabando y enalteciendo el nombre de Dios. El quiere que nuestra vida sea un testimonio viviente de su amor, para atraer a otros a que se acojan a la gracia salvadora que solo Cristo da.

1. QUÉ ES LA VIDA EMOCIONAL

Dios nos ha dado una vida emocional rica en sentimientos y emociones y la posibilidad de aprovecharlas para vivir en paz y con gozo, es decir tener Vida Abundante aquí en la tierra y en la eternidad.  

La palabra emoción significa “movimiento o impulso” y podemos definir la vida emocional como el conjunto de sentimientos, sensaciones o impresiones reales o imaginarias, que impulsan a los seres humanos a experimentar relaciones de vida sanas y abundantes, que se expresen física o fisiológicamente. Por ejemplo: expresiones del rostro o del pulso cardíaco, reacciones de conducta como la agresividad, el llanto, la alegría, la risa. etc. Esa vida emocional, lo mismo que la parte física, se desarrolla y madura. También puede estar sana o enferma. Generalmente los seres humanos cristianos o no cristianos sufrimos de enfermedades emocionales. Quien diga que

está sano emocionalmente en un 100% se engaña a sí mismo.

La salud emocional es tan importante como la salud física, sin embargo no le damos la importancia que tiene, porque no sabemos que estamos enfermas o porque no sabemos como sanarla. Muchas veces los médicos nos dicen que no tenemos ninguna enfermedad física, que todo está en nuestra mente y nos enojamos. Pero el doctor puede que tenga razón, porque la salud física depende de la salud emocional y la salud emocional de la salud física.

Dios actúa en nuestra vida emocional para sanarla o para fortalecerla a medida que nos damos cuenta que estamos enfermos y se lo pedimos, se lo permitimos y actuamos voluntariamente para sanarla.

Para llevar sanidad a nuestra vida emocional necesitamos actuar. Hay una hermana cristiana llamada Stornie Omartian que ha escrito el libro “Busca la paz para tu corazón” en el cual cuenta su historia de lucha por sanar emocionalmente. Esta autora comparte los siete pasos que ella siguió, primero con la ayuda que Dios le proporcionó directamente o a través de su pastor, de sus amigos y consejeros de su iglesia. Estos pasos son: 

  1. RECONOCER A DIOS
  2. ESTABLECER UNA BASE
  3. VIVIR EN OBEDIENCIA
  4. ENCONTRAR LIBERACIÓN
  5. RECIBIR LOS DONES DE DIOS
  6. EVITAR LAS TRAMPAS 
  7. MANTENERSE FIRME

Estos siete pasos nos permitirán llegar a ser aquello para lo cual Dios nos creó.   No es ni fácil ni difícil seguirlos, pero tenemos que actuar en cada uno de ellos con fe y perseverancia, porque no son varita mágica. El tiempo que duremos en sanar y mejorar nuestra vida emocional dependerá de tres situaciones:

  • Querer sanar. El compromiso que cada una haga con Dios y consigo misma.
  • Qué profundidad tiene el daño emocional que le ha causado el sufrimiento tenido en el pasado. Las enfermedades emocionales tienen su origen en las heridas que hemos sufrido en la relación con nuestros padres, maestros, hermanos, cónyuge, personas que creíamos amigas, etc.
  • De la edad en que sufrimos esos daños. Mientras más temprano en nuestra edad hayamos tenido el sufrimiento más honda es la herida y más difícil de sanar. Porque se queda en nuestro inconsciente y no sabemos que esa herida está ahí y nos hace daño. Algunas heridas son tan profundas que son difíciles de sanar. Difíciles quizás, pero no imposible, si estamos tomados de la mano de nuestro Creador.

Quizás algunas de ustedes recuerden unos frascos de Aceite de Hígado de Bacalao que nos daban de pequeñas o que nosotras mismas le dimos a nuestros hijos. ¿RECUERDAN….? ¡Muy bien…! Un hombre cargando un bacalao (pescado). ¡Tan grande como el hombre que lo cargaba!

Pues bien, cuando estamos enfermas emocionalmente vamos por la vida cargando un gran bacalao que, como no está refrigerado, se pone hediendo y su olor tan desagradable nos afecta tanto a nosotras como a las personas que nos rodean. Si, cuando nos enojamos, gritamos, peleamos, pensamos mal de los demás, criticamos, nos sentimos inferiores, temerosas, desventuradas, despedimos un olor que aleja a todos de nosotras. Sufrimos nosotras y hacemos sufrir a nuestro esposo, hijos, vecinos, amistades, hermanos de la iglesia, etc., El mal olor alcanza a todos los que nos rodean. 

Sin embargo,  Dios no nos ha puestos en este mundo para cargar ese gran peso, ni solo para existir, sobrevivir, sufrir y contaminar el aire y vida de los que nos rodean. Estamos en este mundo para vivir una vida con un propósito y un significado. No importa qué nos ocurrió, qué edad teníamos cuando sucedió o la edad que tengamos ahora. Podemos tener 15, 30, 50, 70, 80 o más años, y Dios puede restaurar nuestra vida emocional y hacerla rica y abundante. La sanidad que otras mujeres y hombres han encontrado está a nuestra disposición. No importa cual es el daño ni que profundidad tenga. Dios tiene el poder y quiere sanar nuestra vida emocional.

 2. DAÑOS EN NUETRA VIDA EMOCIONAL

El daño puede haber sido causado por:

  • Abuso sexual, maltrato (golpes, insultos indiferencia) y abandono en nuestra infancia. Que quizás ni recordemos o no queramos recordar.
  • La ruptura de una relación muy valiosa. (con nuestro esposo, padre, amistades, hijos.)
  • Los estragos de una vida licenciosa y equivocada, vicios, drogas, prostitución, etc. …
  • La falta de perdón. No hemos perdonado a quien nos hizo daño o sentimos que no hemos sido perdonadas. O no nos hemos perdonado a nosotras mismas  

No importa que fue lo qué sucedió en nuestro pasado, qué nos tiene enfermas emocionalmente. ! Siempre es posible recuperar la salud emocional!

No tenemos que vivir esta vida con temor, odio, indiferencia, depresión, aislamiento, inconformidad, sentimiento de culpa u otro sentimiento negativo. No tenemos que sentirnos incapaces, estúpidas, incompetentes o rechazadas.

No tenemos que aceptar y vivir con el dolor emocional crónico. Es posible liberarnos de todo ello. Si nuestra ropa se rompe, podemos coserla, si nuestro reloj se descompone podemos repararlo. Lo que fue herido y dañado en nuestra vida podemos y debemos repararlo para la gloria de Dios y para alcanzar nuestra felicidad.

Con frecuencia las personas que nos hemos acogida a la Gracia Salvadora de Dios, caemos en el error de pensar que jamás vamos a volver a experimentar emociones y sentimientos negativos y que no debemos tener ningún problema de esos en la vida. !Eso es falso! ¡Esa creencia es lo que Satanás usa para hundirnos otra vez en la enfermedad emocional. Queremos aparentar que somos perfectas y que no sufrimos y eso nos aleja de la comunión con Dios y con las personas que nos rodean

“El viaje del quebrantamiento a la sanidad no ocurre de la noche a la mañana y podemos tener retrocesos. De hecho los tenemos.

Debemos saber que restablecer nuestra salud emocional es un proceso que necesita cambio de hábitos en nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar. Adquirir un hábito lleva tiempo. ¿Cuánto tiempo le llevó a nuestros hijos y a nosotras mismas aprender a saludar a las personas, a lavarnos las manos antes de comer, a lavarnos los dientes después de cada tiempo de comida? Pues cambiar un hábito lleva más tiempo aún. Porque tenemos que quitarnos el hábito malo y sustituirlo por otro bueno.  

Muchas personas nos formamos el hábito o costumbre de sufrir… y nos hace falta sufrir. Nos estamos quejando constantemente de lo mal que estamos y de lo mucho que sufrimos. Nos olvidamos que como cristianas podemos compartir nuestro sufrimiento con Dios y poner, en oración, nuestra carga a los pies del maestro y vivir una vida llena de gozo. Le oramos a Dios, pero seguimos con el bacalao a cuestas, no lo dejamos a los pies del maestro.

3. La Biblia nos da ejemplos

Salmo 38:8 “Estoy debilitado y molido en gran manera; ¡Gimo a causa de la conmoción de mi corazón. La Biblia moderna dice eso de la siguiente manera: “Estoy muy débil y adolorido; tengo la mente aturdida, ¡Por eso me quejo!” Se nota que está emocionalmente enfermo. ¿Verdad?

Una mujer cristiana que ha reconocido a Dios como su Salvador y Sanador, puede decir como dice el salmo 38:9. “Dios mió pongo ante ti mis más grandes deseos, no te los puedo esconder”.

Desear es aspirar a algo con vehemencia, sentir atracción hacia algo. Los deseos pueden ser buenos o malos, pero ninguno de los dos se los podemos esconder a Dios. Esos deseos muchas veces reflejan las heridas emocionales que tenemos. Sin saberlo deseamos sufrir y de hecho buscamos un motivo para sufrir.

Pero podemos y debemos creer lo que Jehová nos responde en Jeremías 30:17. “Más yo haré venir sanidad sobre ti y sanaré tus heridas”. NO las físicas…, para eso hay médicos, enfermeras y medicinas. Por supuesto que Dios es poderoso para sanarnos físicamente, pero aquí se refiere a SANIDAD EMOCIONAL.

El Salmo 147:3 nos recuerda: “Dios sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas”. Los quebrantados de corazón tiene heridas emocionales. A estas heridas emocionales les llamamos “heridas del corazón, o del alma”. Y el Salmo 23:3 nos dice: “Confortará mi alma”. El alma es la vida emocional.

Pero también nos dice en Proverbios 16:1. “Del ser humano es hacer planes en el corazón”. Somos nosotros lo que tenemos que hacer planes para encontrar la sanidad en nuestra vida emocional, con la ayuda de Dios. Solas no podemos. ¿Qué tenemos que hacer? Dar un paso a la vez. Paso a paso…. pero en la dirección correcta.

Este proceso de sanidad emocional, como vimos tiene siete pasos, los cuales iré compartiendo. Eleve a Dios esta oración con fe y gratitud:

“Señor, ayúdame a no engañarme a mi misma. diciendo que estoy totalmente sana de mis emociones y sentimientos. Muéstrame si estoy enferma emocialmente y dame por favor la fe, la fuerza y la tenacidad que se necesita para estudiar y pasar por estos siete pasos”. Amén.